Canciones para niños
Fuente:Canciones para todo el mundo
miércoles, 11 de mayo de 2011
jueves, 28 de abril de 2011
Cuento para niños_ El bosque mágico
El bosque mágico
por Andrés Martín Soriano
Había una vez dos hermanas a las que les gustaba mucho disfrutar de la naturaleza y en particular de la montaña. Marta y Paula, eran sus nombres. Vivían con sus padres en la ciudad, aunque tenían una casa en un pequeño pueblo de montaña rodeado por dos inmensos valles llenos de bosques y dónde solían pasar los fines de semana y las vacaciones. Los valles estaban separados por un gran lago al que solían acudir a pasear en una pequeña barca de remos que su papa había construido en sus ratos libres.
Al otro lado de la orilla del Lago vivía un viejo leñador en compañía de un bonito perro pastor y rodeado de los animales del bosque que frecuentemente le visitaban.
El viejo leñador, era un hombre muy alto, con una gran barba blanca y, pese a que su rostro delataba el paso del tiempo, todavía se notaba que había sido un hombre fuerte y vigoroso. Tenía fama de ser una persona solitaria y huraña y con muy mal genio. Muy pocas veces se dejaba ver por el pueblo. Sólo cuando necesitaba comprar comida o materiales para reparar su vieja cabaña. No se relacionaba con nadie.
En alguna ocasión, Marta y Paula habían coincidido con él en la tienda de comestibles y a pesar de su semblante serio y distante, la verdad es que a ellas no les parecía una persona tan rara, más bien les parecía que tenía una mirada entrañable y les recordaba a su abuelito. Pero lo que más fascinaba a Marta y a Paula del viejo leñador era la leyenda que sobre él se había extendido entre los habitantes del pueblo.
Según esta leyenda, el viejo leñador tenía un poder mágico y especial que le permitía hablar con los animales que habitaban el bosque.
Marta y Paula decidieron comprobar con sus propios ojos el poder mágico del viejo leñador y para ello, una mañana mientras sus padres estaban en el pueblo, se subieron a la barca de remos y llegaron al otro lado del lago donde vivía el viejo leñador.
Sin hacer ruido se acercaron hasta la vieja cabaña y detrás de un arbusto decidieron esperar a que los animales se acercaran a la vieja cabaña. Después de esperar un rato, observaron como se acercaban los animales del bosque. Allí estaban las ardillas, los osos, el búho, los ciervos, las cabras. Todos ellos se aproximaban sin ningún temor hasta la vieja cabaña, donde se encontraba sentado en el porche el viejo leñador, que les llamaba para que se acercaran y comieran la comida que les había preparado. Los animales del bosque, mientras comían, saltaban de alegría alrededor del viejo leñador.
Después de comer, el viejo leñador aprovechó para curar la pata herida de un pequeño cervatillo ante la atenta mirada de papá y mamá ciervo. Después, los animales comenzaron a marchar hacia el bosque, no sin antes, agradecer al viejo leñador el estupendo festín que les había preparado, mediante el gruñir característico de cada uno de ellos.
Marta y Paula presenciaron con asombro lo ocurrido, pero quedaron un poco decepcionadas porque comprobaron que los animales no hablaban. Aun así, decidieron acercarse hasta la vieja cabaña. El viejo leñador a verlas, les invitó a sentarse a su lado, ofreciéndoles un poco de naranjada y un pastel de ricas frutas del bosque que el mismo había preparado.
Marta y Paula no pudieron resistir la tentación de comentar al viejo leñador lo que se decía en el pueblo sobre la famosa leyenda. En ese momento, el viejo leñador comenzó a reír y a reír sin parar y sus risas resonaron en todo el bosque. Marta y Paula no entendían nada.
A continuación, el viejo leñador, aún sonriente, le explicó que para comunicarse con los animales no hace falta hablar con ellos, simplemente se trata de respetar sus costumbres, los sitios donde viven, de quererlos y de ayudarlos cuando lo necesitan, porque los animales son más inteligentes de lo que creemos y ellos también entienden a las personas que les tratan con cariño, y transmitir ese cariño y respeto es la mejor forma de comunicarse con ellos, y además eso también ocurre con las personas.
Fue una tarde llena de emociones. Marta y Paula, agradecieron al viejo leñador su hospitalidad y el haber aprendido una buena lección de convivencia y respeto, por lo que prometieron volver todas las tardes para ayudar al viejo leñador a dar de comer a los animales y lo que es más importante a comunicarse con ellos.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado
FIN
Por el dia de la Madre : EL ANGEL DE LOS NIÑOS
Cuenta una antigua leyenda que un niño que estaba por nacer, le dijo a Dios:
- Me dicen que me vas a enviar mañana a la Tierra; pero ¿ Cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy?
- Entre muchos angeles escogí uno para tí, que te estará esperando: El te cuidará.
-Pero dime: Aquí en el cielo no hago mas que cantar y sonreir, ¡eso basta para ser feliz,!,
-Y como entender que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?
-Tu angel te dirá las palabras mas dulces y mas tiernas que puedas escuchar, y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.
- Y, que haré cuando quiera hablar contigo?
- Tu angel te juntará las manitos y te enseñarça a orar.
- He oido que en el Tierra hay hombres malos, y quien me defenderá?
-Tu angel te defenderá aún a costa de su propia vida.
-Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor.
-Tu angel te hablará de mi y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia., aunque yo siempre estaré a tu lado.
En ese instante, una gran paz reinaba en el Cielo pero ya se oían voces terrestres y el niño presuroso, repetia suavemente:
-Dios mío, si ya me voy dime su nombre
-¿Cómo se llama mi angel?
-Su nombre no importa, tú solo le dirás: Mamá.
( Autor: Anónimo)
viernes, 1 de abril de 2011
Cuentos infantiles: Juan sin Miedo
- Hijo mío, sabes que no tengo mucho que dejaros a tu hermano y a ti, y sin embargo aún no has aprendido ningún oficio que te sirva para ganarte el pan. ¿Qué te gustaría aprender?
Y le contestó Juan:
- Muchas veces oigo relatos que hablan de monstruos, fantasmas,… y al contrario de la gente, no siento miedo. Padre, quiero aprender a sentir miedo.
El padre, enfadado, le gritó:
- Estoy hablando de tu porvenir, y ¿tú quieres aprender a tener miedo? Si es lo que quieres, pues márchate a aprenderlo.
Juan recogió sus cosas, se despidió de su hermano y de su padre, y emprendió su camino.
Cerca de un molino encontró a un sacristán con el que entabló conversación. Se presentó como Juan Sin Miedo.
- ¿Juan Sin Miedo? ¡Extraño nombre! - Se sorprendió el sacristán.
- Verás, nunca he conocido el miedo, he partido de mi casa con la intención de que alguien me pueda mostrar lo que es, - dijo Juan
- Quizá pueda ayudarte: Cuentan que más allá del valle, muy lejos, hay un castillo encantado por un malvado mago. El monarca que allí gobierna ha prometido la mano de su linda hija a aquel que consiga recuperar el castillo y el tesoro. Hasta ahora, todos los que lo intentaron huyeron asustados o murieron de miedo.
- Quizá, quizá allí pueda sentir el miedo, se animó Juan.
Juan decidió caminar, vislumbró a lo lejos las torres más altas de un castillo en el que no ondeaban banderas. Se acercó y se dirigió a la residencia del rey. Dos guardias reales cuidaban la puerta principal. Juan se acercó y dijo:
- Soy Juan Sin Miedo, y deseo ver a vuestro Rey. Quizá me permita entrar en su castillo y sentir eso a lo que llaman miedo.
El más fuerte le acompañó al Salón del Trono. El monarca expuso las condiciones que ya habían escuchado otros candidatos: si consigues pasar tres noches seguidas en el castillo, derrotar a los espíritus y devolverme mi tesoro, te concederé la mano de mi amada y bella hija, y la mitad de mi reino como dote.
- Se lo agradezco, su Majestad, pero yo sólo he venido para saber lo que es el miedo, le dijo Juan.
"Qué hombre tan valiente, qué honesto", pensó el rey, "pero ya guardo pocas esperanzas de recuperar mis dominios,...tantos han sido los que lo han intentado hasta ahora..."
Juan sin Miedo se dispuso a pasar la primera noche en el castillo. Le despertó un alarido impresionante.
- ¡Uhhhhhhhhh! Un espectro tenebroso se deslizaba sobre el suelo sin tocarlo.
- ¿Quién eres tú, que te atreves a despertarme? - preguntó Juan.
Un nuevo alarido por respuesta, y Juan Sin Miedo le tapó la boca con una bandeja que adornaba la mesa. El espectro quedó mudo y se deshizo en el aire.
A la mañana siguiente el soberano visitó a Juan Sin Miedo y pensó: "Es sólo una pequeña batalla. Aún quedan dos noches". Pasó el día y se fue el sol. Como la noche anterior, Juan Sin Miedo se disponía a dormir, pero esta vez apareció un fantasma espantoso que lanzó un bramido: ¡Uhhhhhhhhhh! Juan Sin Miedo cogió un hacha que colgaba de la pared, y cortó la cadena que el fantasma arrastraba la bola. Al no estar sujeto, el fantasma se elevó y desapareció.
El rey le visitó al amanecer y pensó: "Nada de esto habrá servido si no repite la hazaña una vez más". Llegó el tercer atardecer, y después, la noche. Juan Sin Miedo ya dormía cuando escuchó acercarse a una momia espeluznante. Y preguntó:
- Dime qué motivo tienes para interrumpir mi sueño.
Como no contestaba, agarró un extremo de la venda y tiró. Retiró todas las vendas y encontró a un mago:
- Mi magia no vale contra ti. Déjame libre y romperé el encantamiento.
La ciudad en pleno se había reunido a las puertas del castillo, y cuando apareció Juan Sin Miedo el soberano dijo: "¡Cumpliré mi promesa!" Pero no acabó aquí la historia: cierto día en que el ahora príncipe dormía, la princesa decidió sorprenderle regalándole una pecera. Pero tropezó al inclinarse, y el contenido, agua y peces cayeron sobre el lecho que ocupaba Juan.
- ¡Ahhhhhh! - Exclamó Juan al sentir los peces en su cara - ¡Qué miedo! La princesa reía viendo cómo unos simples peces de colores habían asustado al que permaneció impasible ante espectros y aparecidos: Te guardaré el secreto, dijo la princesa. Y así fue, y aún se le conoce como Juan Sin Miedo.
Un cuento de los hermanos Grimm
domingo, 20 de marzo de 2011
Hermosa carta de un padre a su hijo
'Escucha, hijo: voy a decirte esto mientras duermes, una manecita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida. He entrado solo a tu cuarto. Hace unos minutos, mientras leía mi diario en la biblioteca, sentí una ola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, vine junto a tu cama. Esto es lo que pensaba, hijo: me enojé contigo. Te regañé cuando te vestías para ir a la escuela, porque apenas te mojaste la cara con una toalla. Te regañé porque no te limpiaste los zapatos. Te grité porque dejaste caer algo al suelo. Durante el desayuno te regañé también. Volcaste las cosas. Tragaste la comida sin cuidado. Pusiste los codos sobre la mesa. Untaste demasiado el pan con mantequilla. Y cuando te ibas a jugar y yo salía a tomar el tren, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste: " ¡Adiós, papito!" y yo fruncí el entrecejo y te respondí: "¡Ten erguidos los hombros!" Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas, jugando en la calle. Tenías agujeros en las medias. Te humillé ante tus amiguitos al hacerte marchar a casa delante de mí. Las medias son caras, y si tuvieras que comprarlas tú, serías más cuidadoso. Pensar, hijo, que un padre diga eso. ¿Recuerdas, más tarde, cuando yo leía en la biblioteca y entraste tímidamente, con una mirada de perseguido?
(...) Y luego te fuiste a dormir, con breves pasitos ruidosos por la escalera. Bien, hijo; poco después fue cuando se me cayó el diario de las manos y entró en mí un terrible temor. ¿Qué estaba haciendo de mí la costumbre? La costumbre de encontrar defectos, de reprender; esta era mi recompensa a ti por ser un niño. No era que yo no te amara; era que esperaba demasiado de ti. Y medía según la vara de mis años maduros. Y hay tanto de bueno y de bello y de recto en tu carácter. Ese corazoncito tuyo es grande como el sol que nace entre las colinas. Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme esta noche. Nada más que eso importa esta noche, hijo.
He llegado hasta tu camita en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza. Es una pobre explicación; sé que no comprenderías estas cosas si te las dijera cuando estás despierto. Pero mañana seré un verdadero papito. Seré tu compañero, y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impacientes. No haré más que decirme, como si fuera un ritual: "No es más que un niño, un niño pequeñito". Temo haberte imaginado hombre. Pero al verte ahora, hijo, acurrucado, fatigado en tu camita, veo que eres un bebé todavía. Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro. He pedido demasiado, demasiado.''
W. Livingston Larned
Fuente. Lecturas para compartir
martes, 15 de marzo de 2011
Cuento sobre el amor filial: De sonrisa en sonrisa
Cuento que fomenta el amor filial
Una mañana, Patricia se despertó asustada por un sueño que había tenido. Soñó que a todas las personas que conocía se les había borrado la sonrisa. Estaba rodeada de gente muy triste, con caras alargadas, con el ceño fruncido, con rostros llenos de amargura, cosa que no le agradó nada.
Hasta su mamá, que era muy alegre y siempre tenía un chiste para compartir, sólo gritaba y mostraba mal humor. De igual manera su padre y hermano; por no hablar de la maestra, que tenía un rostro de estatua, y sus compañeros de clase, quienes ni con una broma reían. Esto angustió mucho a Patricia, ya que siempre pensaba que la sonrisa era la forma natural de comunicarse para entender al amigo, al hermano y a los padres. Esto lo pensaba debido a que sus mejores ratos los había vivido cuando todos los miembros de la familia se reían.
Pero llegó al punto de que el susto invadió todo su cuerpo y dijo:
"Menos mal que sólo fue un sueño", al momento en que su mamá llegó a la cama con el desayuno y una tremenda sonrisa, dándole un beso y diciéndole que el día hay que empezarlo feliz.
Cuento de Maén Puerta (Venezuela)
Una mañana, Patricia se despertó asustada por un sueño que había tenido. Soñó que a todas las personas que conocía se les había borrado la sonrisa. Estaba rodeada de gente muy triste, con caras alargadas, con el ceño fruncido, con rostros llenos de amargura, cosa que no le agradó nada.
Hasta su mamá, que era muy alegre y siempre tenía un chiste para compartir, sólo gritaba y mostraba mal humor. De igual manera su padre y hermano; por no hablar de la maestra, que tenía un rostro de estatua, y sus compañeros de clase, quienes ni con una broma reían. Esto angustió mucho a Patricia, ya que siempre pensaba que la sonrisa era la forma natural de comunicarse para entender al amigo, al hermano y a los padres. Esto lo pensaba debido a que sus mejores ratos los había vivido cuando todos los miembros de la familia se reían.
Pero llegó al punto de que el susto invadió todo su cuerpo y dijo:
"Menos mal que sólo fue un sueño", al momento en que su mamá llegó a la cama con el desayuno y una tremenda sonrisa, dándole un beso y diciéndole que el día hay que empezarlo feliz.
Cuento de Maén Puerta (Venezuela)
miércoles, 9 de marzo de 2011
Juegos infantiles para que los niños se entretengan en casa y tu puedas descansar
Parece difícil entretener a los niños sin salir de casa, pero hay muchas opciones. Estos juegos infantiles les encantará a los niños y tú podras descansar.
Una buena idea para que tus hijos se diviertan y tú no termines agotada consiste en turnarte con algunas vecinas que tengan hijos con edades similares a las de los tuyos y reunir a los niños cada tarde en una casa. Así todas podréis descansar algún día. A los que tienen entre 3 y 5 años les encantarán estas actividades.
PASARELA DE MODELOS
Mete en un baúl prendas viejas de ropa de toda la familia y muchos accesorios (collares, guantes, sombreros...). Diles que se lo vayan probando todo y hazles una sesión de fotos con los modelitos que se vayan poniendo.
TEATRO DE TÍTERES
Usa tres marionetas de mano (el malo, el bueno y la princesa) y un sofá tras el que esconderte. Inventa una historia sencilla y pon voz a los personajes. Poco a poco los niños se irán involucrando en la historia y cuando la princesa despistada les pregunte: "¿Habéis visto al malo?", ellos contestarán nerviosos: "¡Está detrás de ti!".
VUESTRA PELÍCULA
Invéntate un cuento corto, disfraza a los niños y proponles que lo escenifiquen mientras tú los grabas en vídeo. Luego les entusiasmará verse en la tele e incluso discutirán sobre quién será el protagonista del cuento siguiente.
SOMOS JARDINEROS
Coge un recipiente de plástico, mete una esponja y empápala de agua. Coloca encima granitos de maíz y deja el recipiente al lado de una ventana a la que dé el sol. Riega la esponja a menudo y en unos cuantos días (la próxima vez que los peques se reúnan en tu casa) saldrán brotes.
VAMOS DE PESCA
Con un palo, un hilo y un pequeño alambre doblado en forma de anzuelo, fabrica una caña para "pescar" los juguetes del suelo. Puedes hacer varias cañas, para que jueguen todos los niños a la vez o, si no son muchos, enseñarles a usar la caña por turnos.
UN ÁRBOL GENEALÓGICO
Buscad fotos de abuelos, tíos, primos y hermanos, coged una cartulina grande e id pegando las fotos por orden, poniendo debajo el nombre, el parentesco y alguna anécdota divertida. Colocad primero a los abuelos, luego a los padres y a los tíos, después los primos... y por último, la foto de cada niño protagonista, que será la más grande.
HORA DE IR A LA PELUQUERÍA
Una silla, una sábana, un espejo, un cepillo, unos rulos, unas redecillas para el pelo, horquillas, coleteros y unos cuantos collares de bisutería bastan para montar un salón de profesional.
ANDANDO COMO PINGÜIN0
Coge a un niño, coloca sus pies sobre los tuyos y ve andando despacito con él, a la vez que vas diciendo "plaf, plaf", como si fueras un pingüino. Ahora le toca el turno al niño siguiente.
GLOBOS QUE NO TOCAN EL SUELO
Infla varios globos, da uno a cada niño (de un color diferente, para que no le armen un lío) y explícales que tendrán que lanzarlo al aire e ir dándole golpecitos para que no toque el suelo. Pierde el que lo deje caer.
BUSCAR PAREJAS
Haz parejas de objetos y pon una muestra de cada una en el suelo para que los niños las observen. Mete las parejas en una bolsa opaca y pide a los pequeños, por turnos, que cojan un objeto del suelo y busquen su pareja palpando dentro de la bolsa, sin mirar.
Además de recurrir a todas estas actividades, no te olvides de que los juegos de mesa son una opción muy interesante para conseguir que los niños la pasen bien con la familia o los amigos.
viernes, 4 de marzo de 2011
Pequeña canción para entretener al bebe
PICA PICA POLLITO
SAL DE TU CASCARON
VEN A COMER TRIGUITO
VEN A TOMAR EL SOL
QUE LINDO POLLITO
DEL HUEVO SALIO
TAN AMARILLITO
PARECE UN LIMON
lunes, 14 de febrero de 2011
La historia del arbol de manzanas
Este era un enorme árbol de manzanas al cual un niño amaba mucho. Todos los días jugaba a su alrededor, trepaba hasta el tope, comía sus frutos y tomaba la siesta bajo su sombra. El árbol también lo quería mucho.
Pasó el tiempo, el niño creció y no volvió a jugar alrededor del árbol. Un día regresó y escuchó que este le decía con cierta tristeza: - ¿Vienes a jugar conmigo?
Pero el muchacho contestó: - Ya no soy el niño de antes que juega alrededor de los árboles. Ahora quiero tener juguetes, y necesito dinero para comprarlos.
- Lo siento -dijo el árbol-. No tengo dinero, pero te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas; así podrás comprar tus juguetes.
El muchacho tomó las manzanas, obtuvo el dinero y se sintió feliz. También el árbol fue feliz, pero el muchacho no volvió. Tiempo después, cuando regresó, el árbol le preguntó: - ¿Vienes a jugar conmigo?
- No tengo tiempo para jugar; debo trabajar para mi familia y necesito una casa para mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?
- Lo siento -repuso el árbol-. No tengo una casa, pero puedes cortar mis ramas y construir tu casa.
El hombre cortó todas las ramas del árbol, que se sintió feliz, y no volvió. Cierto día de un cálido verano, regresó. El árbol estaba encantado. - ¿Vienes a jugar conmigo? -le preguntó.
- Me siento triste, estoy volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar, ¿puedes dármelo?
El árbol contestó: - Usa mi tronco para construir uno; así podrás navegar y serás feliz.
El hombre cortó el tronco, construyó su bote y se fue a navegar por un largo tiempo. Regresó después de muchos años y el árbol le dijo:
- Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas.
El hombre replicó: - No tengo dientes para morder ni fuerzas para escalar, ya estoy viejo.
Entonces el árbol, llorando, le dijo: - Realmente no puedo darte nada. Lo único que me queda son mis raíces muertas.
Y el hombre contestó: - No necesito mucho ahora, sólo un lugar para reposar. Estoy cansado después de tantos años...
- Bueno -dijo el árbol-, las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa.
El hombre se sentó junto al árbol y este, alegre y risueño, dejó caer algunas lágrimas.
Esta es la historia de cada uno de nosotros: el árbol son nuestros padres. De niños, los amamos y jugamos con ellos. Cuando crecemos los dejamos solos; regresamos a ellos cuando los necesitamos, o cuando estamos en problemas. No importa lo que sea, siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Usted puede pensar que el muchacho es cruel con el árbol, pero ¿no es así como tratamos a veces a nuestros padres?
jueves, 30 de diciembre de 2010
"¿Qué edad tienes abuela?
Una tarde un nieto estaba charlando con su abuela sobre los acontecimientos actuales.
Entonces, el niño preguntó:
¿Qué edad tienes abuela"?
La abuela respondió
Bueno, déjame pensar un minuto....
Nací antes de la televisión, las vacunas contra la polio,
las comidas congeladas, las fotocopiadoras, el fax,
los lentes de contacto, la píldora anticonceptiva y el freesbee.
No existían el radar, las tarjetas de crédito, el rayo láser,
los teléfonos celulares, o los patines en línea.
No se había inventado el aire acondicionado,
los hornos de microhondas, las lavavajillas, las secadoras,
y las prendas se ponian a secar al aire fresco,
se usaban batanes (molcajetes) y no licuadoras.
"Gay" era una palabra respetable en inglés
que significaba una persona contenta, alegre y no homosexual,
al que cariñosamente llamábamos "loca".
De lesbianas nunca habíamos oido hablar y ni los muchados usaban aretes.
Conocíamos la diferencia entre los sexos pero a nadie se le ocurría cambiar el suyo, nos conformábamos con el que teníamos
No había mujeres peluqueras, ni estéticas unsex, ni tampoco policia femenina.
SIDA no significaba nada, aids en inglés era un ayudante de oficina.
No se hacían citas ni se concertaban matrimonios por computadora.
Tu abuelo y yo nos casamos y despues vivimos juntos
y en cada familia había un papa y una mamá.
El hombre todavía no había llegado a la luna
y no existían los aviones de propulsión a chorro para pasajeros.
No se hacían transplantes de corazón, se remendaban calcetines no corazones,y se destapaban caños no arterias.
Nací antes de la computadora, los virus provocaban viruelas,
más no desaparecian archivos.
"Chip" significaba un pedazo de madera
"hardware" era la ferretería y el software no existía.
No habían las dobles carreras universitarias, ni estrés, ni traumas prenatales, ni psicologos.
Se jugaba al trompo, a las canicas, no al nintendo.
Hasta que cumplí 25, llamé a cada policía y a cada hombre "señor" y a cada mujer "señora" o "señorita".
Tener una relación era llevarse bien con los primos o simplemente tener una amistad.
En mis tiempos, la virginidad no producía cáncer.
Nuestras vidas estaban gobernadas por los 10 mandamientos, el buen juicio
y el sentido común. Nos enseñaron a diferenciar entre el bien y el mal y a ser responsables de nuestros actos.
Creíamos que la comida rápida era lo que la gente comía cuando estaba apurada.
Hablando de máquinas, no existian los cajeros automáticos, las máquinas de helado en las tiendas, los radioreloj despertador, para no hablar de los videos cassettes ni las filmadoras de video.
Si en algo decía: "Made in Japan" se le consideraba una porquería y no existía "Made in Korea" no "Made in Taiwan"
No se había oido de Pizza Hut, MacDonalds, ni de Fast food ni el video bar o discotecas.
La salsa era un condimento no se bailaba.
No había el café instantáneto ni los endulzantes artificiales.
Se podía comprar un Chevrolet Coupé nuevo por 600 dolares (Pero quién los tenía!)
Costaba 30 centavos el litro de gasolina y un solo auto era suficiente para toda la familia.
Había tiendas donde se compraban cosas por 5 y 10 centavos, los helados, las llamadas telefónicas, los pasajes de autobus y la pepsi, todo costaba 10 centavos.
En mi tiempo "hierba" era algo que se cortaba, no se fumaba, "coca" era una gaseosa y no se inhalaba y música de rock era lo que hacía la mecedora de la abuela.
Las conejitas eran simplemente unos animalitos y los escarabajos no eran volkswagens.
Fuimos la última generación que creyó que una señora necesitaba un marido para tener un hijo.
Ahora dime: ¿Cuántos años crees que tengo?
El chico respondió: " más de cien! ?
Autor: Anónimo
Entonces, el niño preguntó:
¿Qué edad tienes abuela"?
La abuela respondió
Bueno, déjame pensar un minuto....
Nací antes de la televisión, las vacunas contra la polio,
las comidas congeladas, las fotocopiadoras, el fax,
los lentes de contacto, la píldora anticonceptiva y el freesbee.
No existían el radar, las tarjetas de crédito, el rayo láser,
los teléfonos celulares, o los patines en línea.
No se había inventado el aire acondicionado,
los hornos de microhondas, las lavavajillas, las secadoras,
y las prendas se ponian a secar al aire fresco,
se usaban batanes (molcajetes) y no licuadoras.
"Gay" era una palabra respetable en inglés
que significaba una persona contenta, alegre y no homosexual,
al que cariñosamente llamábamos "loca".
De lesbianas nunca habíamos oido hablar y ni los muchados usaban aretes.
Conocíamos la diferencia entre los sexos pero a nadie se le ocurría cambiar el suyo, nos conformábamos con el que teníamos
No había mujeres peluqueras, ni estéticas unsex, ni tampoco policia femenina.
SIDA no significaba nada, aids en inglés era un ayudante de oficina.
No se hacían citas ni se concertaban matrimonios por computadora.
Tu abuelo y yo nos casamos y despues vivimos juntos
y en cada familia había un papa y una mamá.
El hombre todavía no había llegado a la luna
y no existían los aviones de propulsión a chorro para pasajeros.
No se hacían transplantes de corazón, se remendaban calcetines no corazones,y se destapaban caños no arterias.
Nací antes de la computadora, los virus provocaban viruelas,
más no desaparecian archivos.
"Chip" significaba un pedazo de madera
"hardware" era la ferretería y el software no existía.
No habían las dobles carreras universitarias, ni estrés, ni traumas prenatales, ni psicologos.
Se jugaba al trompo, a las canicas, no al nintendo.
Hasta que cumplí 25, llamé a cada policía y a cada hombre "señor" y a cada mujer "señora" o "señorita".
Tener una relación era llevarse bien con los primos o simplemente tener una amistad.
En mis tiempos, la virginidad no producía cáncer.
Nuestras vidas estaban gobernadas por los 10 mandamientos, el buen juicio
y el sentido común. Nos enseñaron a diferenciar entre el bien y el mal y a ser responsables de nuestros actos.
Creíamos que la comida rápida era lo que la gente comía cuando estaba apurada.
Hablando de máquinas, no existian los cajeros automáticos, las máquinas de helado en las tiendas, los radioreloj despertador, para no hablar de los videos cassettes ni las filmadoras de video.
Si en algo decía: "Made in Japan" se le consideraba una porquería y no existía "Made in Korea" no "Made in Taiwan"
No se había oido de Pizza Hut, MacDonalds, ni de Fast food ni el video bar o discotecas.
La salsa era un condimento no se bailaba.
No había el café instantáneto ni los endulzantes artificiales.
Se podía comprar un Chevrolet Coupé nuevo por 600 dolares (Pero quién los tenía!)
Costaba 30 centavos el litro de gasolina y un solo auto era suficiente para toda la familia.
Había tiendas donde se compraban cosas por 5 y 10 centavos, los helados, las llamadas telefónicas, los pasajes de autobus y la pepsi, todo costaba 10 centavos.
En mi tiempo "hierba" era algo que se cortaba, no se fumaba, "coca" era una gaseosa y no se inhalaba y música de rock era lo que hacía la mecedora de la abuela.
Las conejitas eran simplemente unos animalitos y los escarabajos no eran volkswagens.
Fuimos la última generación que creyó que una señora necesitaba un marido para tener un hijo.
Ahora dime: ¿Cuántos años crees que tengo?
El chico respondió: " más de cien! ?
Autor: Anónimo
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