jueves, 15 de enero de 2015

Poesía para niños: El loro enfermo



EL LORO ENFERMO

En una casa una vez
varios ladrones entraron,
y de aquello que allí había
arreáronse con tanto,
que sólo un reloj muy viejo,
otros tres o cuatro trastos,
los cacharros de cocina,
el cesto y el mobiliario
y un loro muy delgaducho
en una jaula encerrado
en la desdichada casa
fué sólo lo que dejaron.
Ocultaron el botín
en varios y grandes sacos,
e iban a marcharse ya
por temor de ser hallados,
cuando díjoles el jefe
que los mandaba:
- Muchachos,
¿ no dejáis nada que valga?
-no- respondieron los cacos-
Es decir - apuntó uno,
allá dentro de ese cuarto
queda un loro en una jaula,
pero no vale un centavo,
¡tiene una cara muy fea!
Oyó el loro tal agravio
y como  en la cuenta estaba,
sin duda, de que era guapo,
no pasó por lo de ser
su rostro tan desgraciado y contestó:
-¡Caracoles,
ten en cuenta que estoy  malo

(Autor desconocido)

domingo, 4 de enero de 2015

Canción de la abuela EL SEÑOR DON GATO



EL SEÑOR DON GATO

Estaba el señor don gato,
estaba el señor don gato
en silla de oro sentado,
miau. miau, mirrimiau,
en silla de oro sentado,
calzando medias de seda
y zapatito dorado,
cuando llegó la noticia
que había de ser casado
con una gatita parda
hija de un gato romano.
El gato, con la alegría 
subió a bailar al tejado
más con un palo le dieron,
 y,rodando, vino hacia abajo.
Se rompió siete costillas
y la puntita del rabo.
Llamaron a los doctores,
médicos y cirujanos;
mataron siete gallinas
y le dieron de aquel caldo.
Le llevaron a enterrar
al pobrecito don gato,
y le llevaban en hombros
cuatro gatos colorados.
Sobre la cajita iban
siete ratones bailando
al ver que se había muerto
aquel enemigo malo.

(Autor desconocido)

jueves, 11 de diciembre de 2014

Hermoso cuento de abuelos: Las arrugas




Era un día soleado de otoño la primera vez que Bárbara se fijó en que el abuelo tenía muchísimas arrugas, no sólo en la cara, sino por todas partes.
- Abuelo, deberías tener la crema de mamá para las arrugas.
El abuelo sonrió, y un montón de arrugas aparecieron en su cara.
- ¿Lo ves? Tienes demasiadas arrugas
- Ya lo sé Bárbara. Es que soy un poco viejo... Pero no quiero perder ni una sola de mis arrugas. Debajo de cada una guardo el recuerdo de algo que aprendí.
A Bárbara se le abrieron los ojos como si hubiera descubierto un tesoro, y así los mantuvo mientras el abuelo le enseñaba la arruga en la que guardaba el día que aprendió que era mejor perdonar que guardar rencor, o aquella otra que decía que escuchar era mejor que hablar, esa otra enorme que mostraba que es más importante dar que recibir o una muy escondida que decía que no había nada mejor que pasar el tiempo con los niños...
Desde aquel día, a Bárbara su abuelo le parecía cada día más guapo, y con cada arruga que aparecía en su rostro, la niña acudía corriendo para ver qué nueva lección había aprendido. Hasta que en una de aquellas charlas, fue su abuelo quien descubrió una pequeña arruga en el cuello de la niña:
- ¿Y tú? ¿Qué lección guardas ahí?
Bárbara se quedó pensando un momento. Luego sonrió y dijo
- Que no importa lo viejito que llegues a ser abuelo, porque.... ¡te quiero!


 
Tomado de Cuentosparadormir.com

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