miércoles, 16 de junio de 2010

Cuento para niños El hada fea


Había una vez una aprendiz de hada madrina, mágica y maravillosa, la más lista y amable de las hadas. Pero era también una hada muy fea, y por mucho que se esforzaba en mostrar sus muchas cualidades, parecía que todos estaban empeñados en que lo más importante de una hada tenía que ser su belleza. En la escuela de hadas no le hacían caso, y cada vez que volaba a una misión para ayudar a un niño o cualquier otra persona en apuros, antes de poder abrir la boca, ya la estaban chillando y gritando:
- ¡fea! ¡bicho!, ¡lárgate de aquí!.
Aunque pequeña, su magia era muy poderosa, y más de una vez había pensado hacer un encantamiento para volverse bella; pero luego pensaba en lo que le contaba su mamá de pequeña:

- tu eres como eres, con cada uno de tus granos y tus arrugas; y seguro que es así por alguna razón especial...

Pero un día, las brujas del país vecino arrasaron el país, haciendo prisioneras a todas las hadas y magos. Nuestra hada, poco antes de ser atacada, hechizó sus propios vestidos, y ayudada por su fea cara, se hizo pasar por bruja. Así, pudo seguirlas hasta su guarida, y una vez allí, con su magia preparó una gran fiesta para todas, adornando la cueva con murciélagos, sapos y arañas, y música de lobos aullando.
Durante la fiesta, corrió a liberar a todas las hadas y magos, que con un gran hechizo consiguieron encerrar a todas las brujas en la montaña durante los siguientes 100 años.
Y durante esos 100 años, y muchos más, todos recordaron la valentía y la inteligencia del hada fea. Nunca más se volvió a considerar en aquel país la fealdad una desgracia, y cada vez que nacía alguien feo, todos se llenaban de alegría sabiendo que tendría grandes cosas por hacer.


Autor.. Pedro Pablo Sacristan

miércoles, 9 de junio de 2010

Cuento para niños: "El palacio de la mentira"


Todos los duendes se dedicaban a construir dos palacios, el de la verdad y el de la mentira. Los ladrillos del palacio de la verdad se creaban cada vez que un niño decía una verdad, y los duendes de la verdad los utilizaban para hacer su castillo. Lo mismo ocurría en el otro palacio, donde los duendes de la mentira construían un palacio con los ladrillos que se creaban con cada nueva mentira. Ambos palacios eran impresionantes, los mejores del mundo, y los duendes competían duramente porque el suyo fuera el mejor.

Tanto, que los duendes de la mentira, mucho más tramposos y marrulleros, enviaron un grupo de duendes al mundo para conseguir que los niños dijeran más y más mentiras. Y como lo fueron consiguiendo, empezaron a tener muchos más ladrillos, y su palacio se fue haciendo más grande y espectacular. Pero un día, algo raro ocurrió en el palacio de la mentira: uno de los ladrillos se convirtió en una caja de papel. Poco después, otro ladrillo se convirtió en arena, y al rato otro más se hizo de cristal y se rompió. Y así, poco a poco, cada vez que se iban descubriendo las mentiras que habían creado aquellos ladrillos, éstos se transformaban y desaparecían, de modo que el palacio de la mentira se fue haciendo más y más débil, perdiendo más y más ladrillos, hasta que finalmente se desmoronó.

Y todos, incluidos los duendes mentirosos, comprendieron que no se pueden utilizar las mentiras para nada, porque nunca son lo que parecen y no se sabe en qué se convertirán.


Autor.. Pedro Pablo Sacristan



Tomado de: Cuentos para dormir

jueves, 20 de mayo de 2010

Cuento para niños: El árbol mágico


Hace mucho mucho tiempo, un niño paseaba por un prado en cuyo centro encontró un árbol con un cartel que decía: soy un árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo verás.

El niño trató de acertar el hechizo, y probó con abracadabra, supercalifragilisticoespialidoso, tan-ta-ta-chán, y muchas otras, pero nada. Rendido, se tiró suplicante, diciendo: "¡¡por favor, arbolito!!", y entonces, se abrió una gran puerta en el árbol. Todo estaba oscuro, menos un cartel que decía: "sigue haciendo magia". Entonces el niño dijo "¡¡Gracias, arbolito!!", y se encendió dentro del árbol una luz que alumbraba un camino hacia una gran montaña de juguetes y chocolate.

El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener la mejor fiesta del mundo, y por eso se dice siempre que "por favor" y "gracias", son las palabras mágicas


Autor: Pedro Pablo Sacristán


tomado de Cuentos para dormir

miércoles, 21 de abril de 2010

La disculpa de José


Una historia verdadera:

Una familia como hay muchas: un papá, una mamá y 4 hijos, el mayor de 7 años, el segundo de 5. el tercero de 4 y la última de 3.
Eran niños respetuosos y educados, pero de vez en cuando hacían alguna travesura.
Un día la mamá que siempre estaba con ellos tuvo que salir porque tenía que hacer una diligencia urgente y se vio obligada a dejar a los 4 niños con la empleada.
Los niños dijeron que se iban a portar bien sobre todo el mayor le dijo a su mama que no se preocupara que él iba a entretener a sus hermanos.
La mama se fue tranquila . Pero al regresar se encontró con un problema. La empleada estaba afuera en la calle, así que le preguntó que hacía allí y le dijo : “ al niño José se le ocurrió cocinar y ha desordenado totalmente la cocina, se ha portado muy mal, me gritó cuando le dije que no ensuciaran la cocina, cosa que no me hizo caso, me dijo que el mandaba allí y que me fuera de la casa, yo salí y cerró la puerta, no se que estarán haciendo.
Por supuesto eso no le gustó nada a la mamá, entró a la cocina en busca de José y vio que todo estaba en desorden. Habían querido hacer un bizcocho y los huevos y la harina estaban en el suelo, en fin todo una calamidad.
Lo buscó por todas partes pero no estaba en ningún lado, hasta que escuchó su voz que muy suavemente decía:
Aquí estoy mama”,…La mamá entró a su habitación y vio que José se había metido a la cama, tapado hasta las narices; el sabía que ese era su castigo cuando se portaba mal: ir a la cama. La mamá lo resondró y no se libró de un fuerte palmazo en las piernas.

Pasaron las horas y terminó el castigo, José se acercó a su mamá y le dijo muy suavemente:” mama te quiero agradecer” ¿Por qué? Le contestó su madre pensando que se había dado cuenta de su falta y quería disculparse, así que le dijo:” porque me quieres agradecer?”..Y sorprendida escuchó: “. Porque me has pegado justo en el grano que me estaba picando”.. Y colorin colorado esta historia ha terminado.
Escrito por Marialuz

lunes, 19 de abril de 2010

Cuento para niños: "Mirando por la Ventana"






MIRANDO POR LA VENTANA

Había una vez un niño que cayó muy enfermo. Tenía que estar todo el día en la cama sin poder moverse. Como además los niños no podían acercarse, sufría mucho por ello, y empezó a dejar pasar los días triste y decaido, mirando el cielo a través de la ventana.
Pasó algún tiempo, cada vez más desanimado, hasta que un día vio una extraña sombra en la ventana: era un pingüino comiendo un bocata de chorizo, que entró a la habitación, le dio las buenas tardes, y se fue. El niño quedó muy extrañado, y aún no sabía qué habría sido aquello, cuando vio aparecer por la misma ventana un mono en pañales inflando un globo. Al principio el niño se preguntaba qué sería aquello, pero al poco, mientras seguían apareciendo personajes locos por aquella extraña ventana, ya no podía dejar de reír, al ver un cerdo tocando la pandereta, un elefante saltando en cama elástica, o un perro con gafas que sólo hablaba de política ...
Aunque por si no le creían no se lo contó a nadie, aquellos personajes teminaron alegrando el espíritu y el cuerpo del niño, y en muy poco tiempo este mejoró notablemente y pudo volver al colegio.
Allí pudo hablar con todos sus amigos, contándoles las cosas tan raras que había visto. Entonces, mientras hablaba con su mejor amigo, vio asomar algo extraño en su mochila. Le preguntó qué era, y tanto le insistió, que finalmente pudo ver el contenido de la mochila:

¡¡allí estaban todos los disfraces que había utilizado su buen amigo para intentar alegrarle!!

Y desde entonces, nuestro niño nunca deja que nadie esté solo y sin sonreir un rato.

Autor: Pedro Pablo Sacristán




Via: Cuentos para dormir

jueves, 8 de abril de 2010

Cuento: El ladrón de pelos



Valeria era una niña muy preocupada por su papá. Desde hacía algún tiempo, había visto que se estaba quedando calvo, y que cada vez tenía menos pelo. Un día, se atrevió a preguntárselo:

- Papá, ¿por qué cada día tienes menos pelo?

Su papá le dijo sonriente:
- Es por el ladrón de pelos. Hay por esta zona un ladronzuelo chiquitito que visita mi cabeza por las noches cuando estoy dormido, y me quita todos los pelos que le da gana. ¡Y no hay forma de atraparlo!

Valeria se quedó preocupada, pero decidida a ayudar a su papá, aquella misma noche aguantó despierta tanto como pudo. Cuando oyó los primeros ronquidos de su padre, agarró una gran maza y se fue a la habitación de sus padres. Entró muy despacito, sin hacer ruido, para que el ladrón de pelos no pudiera sentirla, y cuando llegó junto a su papá, se quedó observando detenidamente su cabeza, decidida a atrapar al ladrón de pelos en cuanto apareciera. Al poco, vio una una sombra sobre la cabeza, y con todas las fuerzas que tenía, lanzó el porrazo más fuerte que pudo.

¡Menudo golpe! Su papá pegó un enorme grito y se levantó de un salto, con un enorme chichón en la cabeza y un buen susto en el cuerpo. Al encerder la luz, se encontró con Valeria de frente, con la mano en alto sujetando la maza, y diciendo:

- ¡casi lo tenía! papá. ¡Creo que le he dado, pero el ladrón de pelos se ha escapado!

Al oir eso, y ver al papá con la cabeza bien dolorida, la mamá comenzó a reirse:

- Eso te pasa por contarle tonterías a la niña - dijo divertida.

Y el padre de Valeria tuvo que explicarle que no existía ningún ladrón de pelos, y contarle la verdad de por qué se quedaba calvo. Y así, con la ayuda de un gran chichón en su cabeza, comprendió lo importante que era no engañar a los niños y contarles siempre la verdad. Y Valeria, que seguía preocupada por su papá, dejó de buscar ladrones de pelos, y le compró un bonito gorro de dormir.


Autor.. Pedro Pablo Sacristan
Cuentos para dormir

domingo, 28 de marzo de 2010

Las lenguas hechizadas (Por Pedro Pablo Sacristán)


Hubo una vez un brujo malvado que una noche robó mil lenguas en una ciudad, y después de aplicarles un hechizo para que sólo hablaran cosas malas de todo el mundo, se las devolvió a sus dueños sin que estos se dieran cuenta.
De este modo, en muy poco tiempo, en aquella ciudad sólo se hablaban cosas malas de todo el mundo: "que si este había hecho esto, que si aquel lo otro, que si este era un pesado y el otro un torpe", etc... y aquello sólo llevaba a que todos estuvieran enfadados con todos, para mayor alegría del brujo.
Al ver la situación , otro gran Mago decidió intervenir con sus mismas armas, haciendo un encantamiento sobre las orejas de todos. Las orejas cobraron vida, y cada vez que alguna de las lenguas empezaba sus críticas, ellas se cerraban fuertemente, impidiendo que la gente oyera. Así empezó la batalla terrible entre lenguas y orejas, unas criticando sin parar, y las otras haciéndose las sordas...
¿Quién ganó la batalla? Pues con el paso del tiempo, las lenguas hechizadas empezaron a sentirse inútiles: ¿para qué hablar si nadie les escuchaba?, y como eran lenguas, y preferían que las escuchasen, empezaron a cambiar lo que decían. Y cuando comprobaron que diciendo cosas buenas y bonitas de todo y de todos, volvían a escucharles, se llenaron de alegría y olvidaron para siempre su hechizo.
Y aún hoy el brujo malvado sigue hechizando lenguas por el mundo, pero gracias al mago ya todos saben que lo que único que hay que hacer para acabar con las críticas y los criticones, es cerrar las orejas, y no hacerles caso.

jueves, 4 de marzo de 2010

Video: A divertirse con el Pato Donald


A los niños les encanta las películas del Pato Donald, aqui les muestro un video que les gustará mucho.





Tags: Cuentos, historias para niños, video, pato Donald

martes, 23 de febrero de 2010

Cuento Infantil: José, el niño de la aldea





JOSE , EL NIÑO DE LA ALDEA

Había una vez, en una aldea pequeña, un niño que se llamaba José , era un niño obediente y bueno, ayudaba mucho a su mamá en todos los quehaceres de la casa, y no solamente eso sino que todos los días salía a trabajar vendiendo unos dulces que su mamá preparaba. El resto del día lo dedicaba a ayudar a los demás, sobre todo a los más pobres, a cuidar de los animales, y raras veces hacía nada para sí mismo .


Una tarde al regresar de vender los dulces, un malandrín lo estaba esperando escondido detrás de un árbol y sin pensarlo dos veces le quitó el poco dinero que llevaba de la venta y emprendió una veloz carrera. José trató de evitar el robo, pero nada pudo hacer. Muy triste se sentó en el camino y se puso a llorar ya no tendrían dinero para la comida del día siguiente.

Estando ya mas calmado se disponía a regresar a su casa cuando vio una moneda en el suelo que seguramente se había caído en el forcejeo , la recogió y se disponía a guardarla cuando pasó un niño muy pobre que pedía limosna y se la dio sin pensarlo dos veces. El niño, tenía su cuerpo cubierto de harapos pero se le veía feliz , era un ángel que le agradeció y le dijo: sé quien eres tú : te llamas José y vives con tu madre en la aldea vecina, he visto lo que te ha pasado y lo triste que estás, y como se como ayudas a tu madre, lo generoso que eres y todo lo que haces por los demás, te voy a premiar con algo muy valioso que se llama LA FELICIDAD . “Vivimos en un mundo en que no todas las buenas acciones son recompensadas pero de ahora en adelante tu serás una persona feliz, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y la enfermedad, no hay nada mas bello que eso. Te ganarás el cariño de todos y serás el orgullo de tu madre. "Toma estas monedas que he recolectado durante el dia y entrégaselas a tu madre.

El niño desde ese momento se sintió feliz, había empezado a conocer y a percibir el amor de los demás y ya no se sentíría triste nunca mas.

Pasó el tiempo y se convirtió en un joven guapo y bueno y se casó con una joven linda y buena también, y vivieron muy felices. Y colorin colorado este cuento ha terminado.
(Maria Luz Novoa)


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jueves, 4 de febrero de 2010

Cuento: A miles de kilómetros de Alfredo Gómez Cerdá


A MILES DE KILOMETROS



José tenía doce años y trabajaba doce horas al día. No quería cumplir más años por si al patrón se le ocurría aumentarle también la jornada. A pesar de eso, era una suerte, pues solo los niños más afortunados de su barrio conseguían un trabajo, como él. El resto, vivía en la calle y de la calle. Un día, José se encontró un pequeño cofre de madera. Estaba muy viejo y su cerradura de hierro, roñosa. Desde luego, no servía para nada. Intentó abrirlo varias veces, pero no lo consiguió. La tapa parecía literalmente soldada al resto. Cansado de forcejear con él, lo guardó junto a sus pocas pertenencias, pensando que le serviría para hacer astillas con las que prender el fogón, y se echó a dormir.

A miles de kilómetros de donde José vivía, Santiago salió de un moderno edificio. Antes de entrar en el lujoso coche que le estaba esperando en la puerta, con el chofer haciéndole una reverencia, volvió la cabeza y sonrió satisfecho. Aquel edificio era la sede central de su empresa, que ya estaba extendida por todo el planeta. Por eso, Santiago era una de los hombres más ricos del mundo. Antes de entrar en el coche, junto al bordillo de la acera, vio algo que brillaba. Aunque no acostumbraba a hacerlo, se agachó y recogió un objeto. Ya en el coche, lo estuvo observando con detenimiento. Se trataba de una llave de oro. Se preguntó qué podría abrir aquella llave; sin duda, tendría que ser algo muy valioso. Pero como no encontraba una respuesta, se guardó aquella llave en el bolsillo de su americana, apoyó la cabeza en el respaldo mullido del asiento y se quedó dormido…

…Tenía un largo camino por delante de miles de kilómetros y necesitaba estar descansado. Su edad era también de doce años, al igual que José, pero sólo trabajaba dos horas escasas al día. Se dirigía hacia un pobre barrio, por motivos de trabajo. José se había enterado de que iba a visitar su barrio Santiago el consejero. Santiago era un niño rico, sin dificultades en la vida y del que decían que tenía respuesta a todo. Pero José no se creía esto último y, para demostrar que era un estafador, decidió preguntarle algo que nunca podría responder, así que cogió su cofre y se dirigió al edificio más moderno del barrio, la empresa de Santiago.

Santiago llegó a su lujoso despacho y se acomodó en el sillón. Sabía que en ese tipo de barrios tan lúgubres, los niños, andrajosos y sucios, entraban en su tienda pero no compraban nada, sino que le pedían consejo. Casi al caer la tarde llegó uno de esos niños con un viejo cofre en la mano. - ¿Puedes abrir esto?- Preguntó José sin andarse con rodeos. Santiago estuvo a punto de decirle que no pero, para sorpresa de José, se sacó una llave del bolsillo y la insertó en la cerradura. El pequeño cofre se abrió mostrando un espejito de oro, que reflejaba por las dos caras. José se miro en una y se vio todo despeinado, sucio y con la ropa echa jirones; Santiago se miró en la otra cara y se vio limpio, bien arreglado y con su chaqueta más cara. De repente, al estar los dos reflejados, José entendió el mundo de Santiago, que era más duro de lo que el pensaba y Santiago entendió a José, que era feliz a pesar de su pobreza. Y así, los dos se hicieron muy amigos, y los miles de kilómetros que les separaban se convirtieron en unos escasos centímetros".
Cuentos infantiles, niños,

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