jueves, 31 de diciembre de 2009

Cuento para niños :La nube avariciosa



De Pedro Pablo Sacristán




LA NUBE AVARICIOSA



Érase una vez una nube que vivía sobre un país muy bello. Un día, vio pasar otra nube mucho más grande y sintió tanta envidia, que decidió que para ser más grande nunca más daría su agua a nadie, y nunca más llovería.

Efectivamente, la nube fue creciendo, al tiempo que su país se secaba. Primero se secaron los ríos, luego se fueron las personas, después los animales, y finalmente las plantas, hasta que aquel país se convirtió en un desierto. A la nube no le importó mucho, pero no se dio cuenta de que al estar sobre un desierto, ya no había ningún sitio de donde sacar agua para seguir creciendo, y lentamente, la nube empezó a perder tamaño, sin poder hacer nada para evitarlo.
La nube comprendió entonces su error, y que su avaricia y egoísmo serían la causa de su desaparición, pero justo antes de evaporarse, cuando sólo quedaba de ella un suspiro de algodón, apareció una suave brisa. La nube era tan pequeña y pesaba tan poco, que el viento la llevó consigo mucho tiempo hasta llegar a un país lejano, precioso, donde volvió a recuperar su tamaño.
Y aprendida la lección, siguió siendo una nube pequeña y modesta, pero dejaba lluvias tan generosas y cuidadas, que aquel país se convirtió en el más verde, más bonito y con más arcoiris del mundo.
Cuentos infantiles, cuentos para niños, nubes,

sábado, 19 de diciembre de 2009

Juanito el niño que no quería comer


Había una vez un niño llamado Juanito, muy estudioso, pero que tenía un gran defecto: no le gustaba comer y estaba muy, pero muy delgado. Su madre por más que se esforzaba y trataba de hacer comidas muy apetitosas y llamativas no lograba que Juanito comiese y fue así que empezó a adelgazar y adelgazar hasta convertirse en un niño muy flaco.

Un día Juanito estaba jugando con sus amigos en la puerta de su casa cuando empezó a cambiar el clima y a soplar un fuerte viento, éste era tan, pero tan fuerte que todo volaba por los aires.
Todos los niños entraron a sus casas, pero Juanito no tuvo la misma suerte y por ser tan flaquito y no tener peso, se lo llevó el viento volando por los aires y por más que gritó y gritó pidiendo auxilio nadie lo pudo ayudar.

Para buena suerte había un hermoso árbol de Navidad muy alto que los vecinos habían decorado y adornaba la ciudad por las fiestas navideñas y fue allí donde Juanito fue a parar y quedó enganchado en la parte mas alta del árbol.

Ya se imaginan el susto de Juanito, de verse enganchado en el árbol. Por mas que pedía auxilio nadie lo escuchaba y así paso un buen rato. Cuando el viento dejó de soplar, los niños y la mamá salieron a buscarlo, y estaban muy preocupados por lo que le pudiera haberle sucedido.

Buscaron y buscaron hasta que llegaron al parque donde estaba el gran árbol de Navidad. Juanito al ver a su mamá y a sus amigos los llamó para que lo ayudaran pero su voz era tan débil que nadie lo escuchó y él no podía moverse de allí por miedo a caer.

Cuando empezó a oscurecer era mas grande la angustia de Juanito y de sus padres y amigos de no poder encontrarlo, sin embargo no perdieron las esperanzas.

Mientras tanto Juanito que ya no podía mas de estar prendido en el árbol intentó bajarse de él con sumo cuidado. Y fue así que sus amigos lo vieron cuando lo buscaban de nuevo por ahí y lo ayudaron a bajar.

Su mamá al encontrarlo lo abrazó y Juanito se dio cuenta que por no alimentarse se lo había llevado el viento, así que desde ese momento le pidió a su mamá que le sirva su comida y nunca más se quedó sin comer y Juanito se volvió un niño muy fuerte ,
Y colorín colorado este cuento ha terminado.
cuentos infantiles, cuentos para niños, educativos,

martes, 10 de noviembre de 2009

Cuento infantil: El regalo mágico del conejito pobre


Hubo una vez en un lugar una época de muchísima sequía y hambre para los animales. Un conejito muy pobre caminaba triste por el campo cuando se le apareció un mago que le entregó un saco con varias ramitas."Son mágicas, y serán aún más mágicas si sabes usarlas" El conejito se moría de hambre, pero decidió no morder las ramitas pensando en darles buen uso.

Al volver a casa, encontró una ovejita muy viejita y pobre que casi no podía caminar."Dame algo, por favor", le dijo. El conejito no tenía nada salvo las ramitas, pero como eran mágicas se resistía a dárselas. Sin embargó, recordó como sus padres le enseñaron desde pequeño a compartirlo todo, así que sacó una ramita del saco y se la dió a la oveja. Al instante, la rama brilló con mil colores, mostrando su magia. El conejito siguió contrariado y contento a la vez, pensando que había dejado escapar una ramita mágica, pero que la ovejita la necesitaba más que él. Lo mismo le ocurrió con un pato ciego y un gallo cojo, de forma que al llegar a su casa sólo le quedaba una de las ramitas.
Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus papás, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar la ramita, llegó su hermanito pequeño, llorando por el hambre, y también se la dió a él.

En ese momento apareció el mago con gran estruendo, y preguntó al conejito ¿Dónde están las ramitas mágicas que te entregué? ¿qué es lo que has hecho con ellas?
El conejito se asustó y comenzó a excusarse, pero el mago le interrumpió diciendo ¿No te dije que si las usabas bien serían más mágicas?. ¡Pues sal fuera y mira lo que has hecho!
Y el conejito salió temblando de su casa para descubrir que había pasado con sus ramitas, y vió que todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales!!
El conejito se sintió muy contento por haber obrado bien, y porque la magia de su generosidad había devuelto la alegría a todos
. Y colorin colorado este cuento se ha acabado.

( Pedro Pablo Sacristán)
cuentos para niños, infantiles, educativos,

viernes, 16 de octubre de 2009

Cuento para niños: El gran milagro


En un precioso y frondoso árbol nació un alegre y risueño gusanito llamado Nano. Un habitante que dio mucho de que hablar en el bosque.
Es que desde que nació, Nano siempre se ha portado distinto de los demás gusanos. Caminaba más despacio que una tortuga, tropezaba en casi todas las piedras que encontraba por delante, y cuando intentaba cambiar de hojas......¡qué desastre!....siempre se caía. Por esa razón, la colonia de los gusanos le llamaba de gusanito torpecillo.

A pesar de las burlas de sus compañeros, Nano mantenía siempre su buen humor. Y se divertía mucho con su torpeza. Pero un día, llegado el otoño, mientras Nano se daba un paseo por los alrededores, una gran nube cubrió rápidamente todo el cielo, y una gran tormenta se cayó. Nano, que no tubo tiempo de llegar a su casa, intentó abrigarse en una hoja, pero de ella se resbaló y acabó cayéndose al suelo, haciéndose mucho daño. Había roto una de sus patitas, y se había quedado cojo. Pobre gusanito... torpecillo y cojo.

Agarrado a una hoja, Nano empezó a llorar. Es que ya no podía jugar, ni irse de paseo, ni caminar... Pero, una noche, cuando Nano estaba casi dormido, una pequeña luz empezó a volar a su alrededor. Primero, pensó que sería una luciérnaga, pero la luz empezó a crecer y a crecer... y de repente, se transformó en un hada vestida de color verde. Nano, asustado, le preguntó: - Quién eres tú? Y le dijo la mujer: - Soy un hada y me llamo naturaleza. - Y porque estas aquí? Preguntó Nano. - He venido para decirte que cuándo llegue la primavera, ocurrirá un milagro que te hará sentir la criatura mas feliz y libre del mundo. Explicó el hada. - Y ¿qué es un milagro? Continuó Nano. - Un milagro es algo ¡extraordinario, estupendo, magnífico!...... Explicó el hada y, enseguida desapareció.

El tiempo pasó y llegó el invierno. Pero Nano no ha dejado de pensar en lo que había dicho el hada. Ansioso por la llegada de la primavera, Nano contaba los días, y así se olvidaba de su problemita.
Con el frío, todos los gusanos empezaron, con un hilillo de seda que salía de sus bocas, a tejer el hilo alrededor de su cuerpo hasta formar un capullo, o sea, una casita en la que estarían encerrados y abrigados del frío, durante parte del invierno. Al cabo de algún tiempo, había llegado la primavera. El bosque se vistió de verde, las plantas de flores, y finalmente ocurrió lo que el hada había prometido... ¡El gran milagro!

Después de haber estado dormido en su capullo durante todo el invierno, Nano se despertó. Con el calor que hacía, el capullo se derritió y Nano finalmente pudo conocer el milagro. Nano no solo se dio cuenta de que caminaba bien, sino que también tenía unas alas multicolores que se movían y le hacían volar.. Es que Nano había dejado de ser gusano y se había convertido en una mariposa feliz, y que ya no cojeaba.
FIN
tomado de guia infantil.com
cuentos infantiles, cuentos para niños, educativos, mariposas

domingo, 30 de agosto de 2009

El sombrero mágico


Había una vez una niña que había nacido en un hogar muy pobre. Su padre, campesino, había muerto hacía unos años y su madre por más que trabajaba, día y noche sin descanso, a veces no podía dar a sus hijos lo mínimo indispensable.

Desde pequeña, Maria quería tocar el violín. Soñaba con tocar en grandes orquestas y ser famosa.

Este sueño parecía imposible de alcanzar, pero María no se daba por vencida. Todos los días caminaba dos horas hasta el pueblo para ver a Don Mario, un anciano coleccionista de antigüedades que le prestaba su viejo violín para que aprendiese a tocarlo.

No había lluvia, frío o calor que detuviese a la joven y sus ganas de practicar el violín. Todas las tardes –puntualmente- se presentaba en el negocio de Don Mario a recibir feliz las clases que éste le daba.

Fue así que aprendió a tocar muy bien el instrumento. Don Mario, quien se había encariñado mucho con la joven, un día le dijo:

– Este violín es más tuyo que mío ahora, ya no me pertenece. Sólo en tus manos cobra vida, te lo regalo.
Era tanta la emoción que María sentía. que el violín temblaba en sus manos y no pudo decir nada. El anciano continúo:
– He visto tu esfuerzo desde pequeña y tu gran sacrificio por lograr tu sueño. Esta es mi humilde ayuda para que puedas lograrlo.

María agradeció a su amigo tan generoso regalo y corrió a su hogar a contarle a su madre. Mientras corría pensó que, teniendo ya su propio violín, podía tocar en las calles del pueblo a cambio de algunas monedas. De esa forma podría ayudar a su familia.

Su madre se alegró mucho cuando María le mostró su violín, que si bien viejo, era nuevo en su hogar ahora.
– Hija querida – dijo su madre un poco triste – ya quisiera yo que no tuvieras que hacer esto, pero es tanta la necesidad que hay en este hogar, que mucho agradezco tu ayuda. Te daré un sombrero mío, el único que he tenido en la vida y que me lo regaló una buena señora, tal vez te traiga suerte y con él puedas juntar muchas monedas.
Luego agrego:
– Siempre te ayudaré hija, de la manera que pueda, siempre estaré contigo, no lo olvides. Te amo con todo mi corazón y créeme, de un modo u otro, siempre estaré presente para ti.

La muchacha iba todos los días al pueblo con su violín y el sombrero de su madre. Era un sombrero muy bonito que tenía unas flores de colores y plumas como adorno. Curiosamente, la plumas siempre estaban limpias y el tiempo no las había deteriorado.

No era demasiado el dinero que María juntaba tocando el violín, pero por poco que fuese, era muy bienvenido en su humilde hogar.

Pasó el tiempo y su madre enfermó y murió tomando las manos de su hija y repitiendo las palabras que antes le dijera :“de un modo u otro, siempre estaré contigo”.

Siendo ahora el sostén del hogar, la niña redobló sus esfuerzos para mantener a su familia y decidió visitar pueblos vecinos y así juntar más dinero.

Un día de tormenta, el sombrero voló de las manos de María y desapareció. Desesperada, lo buscó por todo el pueblo, pero su búsqueda fue inútil.

Desconsolada, se sentó a llorar en el camino. Así pasó la tarde, abrazado a su violín, hasta que una señora que por allí pasaba se detuvo frente a ella.
– Pareces realmente muy triste niña ¿qué te ha ocurrido?

María le contó acerca del sombrero que su madre con tanto amor le había regalado y que lo había perdido para siempre, también le contó acerca de la pobreza de su familia y de cómo se ganaba la vida para ayudar en su hogar.

La señora era una persona extraña, parecía no tener una edad definida, su voz daba la impresión de provenir de otro lugar. Era alta, delgada y llevaba puesto un sombrero muy distinto al que había perdido María.
Parada frente a ella y con una gran sonrisa, se sacó el sombrero y se lo dio a la niña.
– Toma, es tuyo, úsalo del mismo modo que usabas el que te regaló tu madre – dijo la forastera.

La niña no sabía qué decir, seguía abrazado a su violín miró a la mujer y le contestó:
– No puedo aceptarlo, Ud. no me conoce ¿por qué habría de ayudarme?
– Hay preguntas que no tienen respuesta, algún día lo entenderás – dijo la señora y dejándole el sombrero en las manos se alejó.

María tomó el sombrero y supo que era hora de dejar de llorar y trabajar por su familia.

Como todos los días fue a la plaza del pueblo elegido. Tocó como siempre y no fueron demasiadas las personas que dejaron sus monedas.

Al final del día la niña tomó el sombrero para contar el dinero y, para su sorpresa, era tres veces más de lo que él había podido calcular. Desconcertada, creyó que se trataba de un error.

Cada día ocurría lo mismo, la gente dejaba sus monedas y éstas dentro del sombrero triplicaban su valor. Nadie podía dar una explicación a lo que ocurría, pero así era.

María buscó a la misteriosa caminante para preguntarle acerca del sombrero, pero fue inútil.

En un año, fue tal la cantidad de dinero que María había ganado que pudo comprar una casita a su familia y por primera vez en sus vidas, nadie pasaba hambre, ni penurias económicas.

La niña estaba contenta, hacía lo que más amaba en el mundo y habría logrado darle a su familia un bienestar que jamás habían soñado. A menudo pensaba en su madre y en lo feliz que estaría si pudiese ver cómo vivían ahora.

Cierto era que no había logrado ser famosa, ni dar conciertos, pero la gratificación que sentía haciendo felices a los suyos, superaba cualquier cosa que hubiese podido desear.

De todas maneras, no dejaba de pensar en lo extraño del sombrero y cómo podía ocurrir lo que ocurría con las monedas que allí caían.

Una noche, regresando a su hogar, se desató una tormenta similar a la que le había hecho volar el sombrero de su madre. Para que no ocurriese lo mismo, la niña se guareció bajo el techo de una vivienda. Se sentó en el umbral a esperar que la tormenta pasara, esta vez abrazando el violín y a su nuevo sombrero.

Mientras esperaba, pensaba en su madre una vez más. Al levantar la vista y como traído por la lluvia y el vendaval, encontró a la misteriosa señora.

Sonreía de la misma manera que lo había hecho ese primer día. Sin dejar que María articulara palabra alguna, la extraña extendió la mano y entregándole las flores del sombrero de su madre, le dijo:
– Esto también es tuyo, olvidé dártelo el día que nos conocimos.

Como había llegado, se fue, sin dejar rastro alguno de su presencia, excepto las flores intactas en las manos temblorosas de la niña.

Sentada bajo la lluvia, abrazada al sombrero y al violín en su mano, recordó las palabras de su madre y recién allí entendió todo:
“Te amo con todo mi corazón y créeme, de un modo u otro, siempre estaré presente para ti”.
Y colorín colorado este cuento a acabado.



Tags: Cuentos infantiles, cuentos para niños, el sombrero mágico, historias,
Adaptado y copiado de un cuento argentino (autor desconocido)
Fuente: En cuentos.com

martes, 14 de julio de 2009

Cuento con valores para niños:" Bueno.... malo.... quien sabe"


Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una pequeña aldea en las montañas. Su único medio de subsistencia era el caballo que poseían, el cual alquilaban a los campesinos para roturar las tierras.

Todos los días, el hijo llevaba al caballo a las montañas para pastar. Un día, volvió sin el caballo y le dijo a su padre que lo había perdido. Esto significaba la ruina para los dos. Al enterarse de la noticia, los vecinos acudieron a su padre, y le dijeron: «Vecino, ¡qué mala suerte!» El hombre respondió: «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!».

Al cabo de unos días, el caballo regresó de la montaña, trayendo consigo muchos caballos salvajes que se le habían unido. Era una verdadera fortuna. Los vecinos, maravilla­dos, felicitaron al hombre: «Vecino, ¡qué buena suerte!». Sin inmutarse, les respon­dió: «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!»

Un día que el hijo intentaba domar a los caballos, uno le arrojó al suelo, partiéndose una pierna al caer. «¡Qué mala suerte, vecino!», le dijeron a su padre. «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!», volvió a ser su respuesta.

Una mañana aparecieron unos soldados en la aldea, reclutan­do a los hombres jóvenes para una guerra que había en el país. Se llevaron a todos los muchachos, excepto a su hijo, incapacita­do por su pierna rota. Vinieron otra vez los aldeanos, diciendo: «Vecino, ¡qué buena suerte!». «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!», contestó.

Dicen que esta historia continúa, siempre de la misma manera, y que nunca tendrá un final.

tomado de Sapiens.ya.com



tags: cuentos para niños, infantiles, historias, relatos, valores,

sábado, 6 de junio de 2009

Cuento infantil: SAMANTHA la niña sin pelo.



Erase una vez una niña que se llamaba Samantha que vivía sola y muy triste porque su cabecita no tenía un solo pelo a consecuencia de un incendio en el que perdió a toda su familia.
Todos sus amigos se burlaban de ella, así que decidió ponerse un sombrero y no sacárselo nunca.
Un día estaba caminando por el parque, cuando empezó a soplar un viento terrible y para mala suerte su sombrero voló muy lejos. Trató de alcanzarlo pero el viento era tan fuerte que el sombrero desapareció.
Se sentó en una banca a llorar, tapándose la cabeza con las manos; estaba así largo rato, cuando de pronto pasó por allí una viejecita de aspecto amable, que al ver a la niña llorar le preguntó que le pasaba.
La niña no quería contar a nadie su problema, pero la viejecita al ver que la niña no tenía pelo y había mucho viento le dijo: “yo se que tienes frío, cúbrete la cabeza con este pañuelo y cuéntame por que lloras.
La niña al ver la amabilidad de la señora le contó su historia, la viejita quien no era otra cosa que un ángel terrenal, la escuchó muy atenta y se compadeció de ella y le dijo: Mira pequeña yo también sufro mucho, ya nadie toma en cuenta a las viejecitas y no saben que todavía uno se siente joven y eso me hace sufrir. Tú has confiado en mí y me has contado lo que te pasa así que te voy a ayudar.
Tengo un abrigo que te va a quedar muy bien y es mágico y te puede conceder hasta tres deseos, como es muy pequeño a mi no me queda y lo guardaba como un tesoro.
La niña se puso muy contenta pero como era muy desconfiada le dijo a la viejita que lo trajera, que ella esperaría allí. Y así fue, la viejita regresó trayéndole el abrigo.
Samantha se puso el abrigo que le quedaba de maravilla y, lo primero que pidió es tener una linda cabellera y, en menos de un minuto le creció un lindo cabello. Samantha se puso muy feliz y abrazó a la viejita y le dijo que el segundo deseo que iba a pedir era para la señora, quería que sea feliz y que reemplace a su madre que perdió en el incendio. A la viejita le gustó la idea, y después que la niña pidió el deseo se convirtió en una señora igualita a su mama.
El tercer y último deseo tenía que pedirlo con mucho cuidado, no lo podía desperdiciar y tenía que pedirlo pronto porque la magia solo duraba una hora.
Pensó y lo pensó y lo que necesitaba era tener dinero para poder estudiar y después trabajar para tener una vida decente para velar por esta buena señora que la había ayudado tanto.
Y así fue, se le concedieron los 3 deseos y fue muy feliz, y ….colorín colorado este cuento se ha acabado…..

(Maria Luz Novoa)
tags: cuentos infantiles, cuentos para niños, relatos, historias, valores,

martes, 12 de mayo de 2009

Cuentos infantiles: José Miguel y Ana Sofía en el campo




Había una vez 2 hermanitos que se llamaban José y Sofía que vivían en el campo y se querían mucho.

Todos los días después de ayudar a su mama en los quehaceres de la casa, salían a jugar.

Un día estaban jugando a las escondidas y mientras José buscaba y buscaba a su hermana, sintió el llanto de una niña; pensando que era Sofía, miró por donde venia el llanto y encontró una casita pequeña casi totalmente cubierta por las plantas.

Miró por un agujero y vio a una niña muy linda que no dejaba de llorar. En ese momento llegó Sofía que también había escuchado a la niña y con su ayuda José logró subirse hasta una ventana que tenia barrotes. La niña lloraba sin cesar. José que era muy bueno le preguntó porque lloraba. La niña entre lágrimas les contó que se llamaba Daniela y que estaba allí porque un hombre y una mujer la habían llevado a ese lugar donde le iban a dar muchos caramelos y no la dejaban salir, llevaba allí unos días. Les dijo también que en ese momento estaba sola porque el hombre y la mujer habían salido. José y Sofía sin pensarlo dos veces decidieron ayudarla.

Lo primero que hicieron fue ir a su casa y avisar a sus padres. Pero antes dejaron señales para poder regresar sin dificultad.

Al enterarse los padres de los niños lo que había sucedido, decidieron llamar a la policía, éstos no tardaron en llegar. Guiados por José y Sofía llegaron al lugar y allí encontraron a la niña que todavía seguía llorando. Pero gran sorpresa esa niña que se llamaba Danielita, había sido secuestrada días antes y toda la policía la había estado buscando.

Los policías decidieron tomar presos a estos delincuentes; así que se escondieron y cuando regresaban los fascinerosos los tomaron prisioneros y los llevaron a la cárcel. Mientras tanto dieron aviso a los padres de Danielita que presurosos llegaron y encontraron a su adorada hijita sana y salva

José y Sofía se hicieron muy amigos de Daniela y esta niña nunca mas volvió a hablar con desconocidos y menos aun si le ofrecían regalarle caramelos o juguetes y…… Colorín colorado este cuento ha terminado .
Escrito por Maria Luz Novoa.
tags: cuentos infantiles, cuentos para niños, relatos, historias, valores,

LinkWithin

Blog Widget by LinkWithin

Vistas de página en total